25 oct. 2007

Salir a rodar, rodar, y rodar también


Hay días en los que uno siente que, poco mas poco menos, todo es demasiado. Decidir, andar, seguir decidiendo. ¿Sirve?, ¿Vale la pena colgarse de ese poste de luz que tiene los cables sueltos para lograr una mejor fotografía?. Otras veces (¿ingenuo yo? - prefiero idealista o utopista, suena mas "romántico") creo y/o quiero creer en la gente.

Hace un par de semanas fuimos a hacer las primeras tomas y un mejor reconocimiento del terreno para el Docu, al lado de los containers de Exolgan (pensar que hasta hace un año era para mi: un lugar que tenía grúas y estaba rodeado por una villa). Es decir, nos internamos en la villa que rodea a la "empresa" portuaria. Obviamente que uno no esperaba fuese un city tour por Londres, pero tal vez sí una curiosidad positiva por parte de la gente que habita ahi. Si al fin y al cabo, el filmar allí era algo que tanto a ellos como a nosotros nos era útil. Mostrábamos su realidad, no solo para colgar en Youtube y mostrarle a nuestros amigos, sino también para intentar dé la vuelta al mundo y conscientizar y demostrar que ese puntito en el google Earth estaba habitado y tenía necesidades. Y ahí es cuando uno dice y se dice "la pucha viejo, que mal que andamos". Pocas veces en mi vida sentí MIEDO.

Hay miles de factores en el medio, pero lo que termina importando es que ELLOS creen que existe un NOSOTROS Y USTEDES. Y así, cuando alguien empieza a hacer una sectorización, los que no "sectorizaban" terminan también, como en mi caso ahora, utilizando el ELLOS, creando una DIFERENCIA, mas no sea con fines ilustrativos y narrativos.

¿Por qué sentí miedo?, porque desde el primer momento fuimos muy observados, de arriba a abajo, "fichados", pero nadie nos preguntó, bien o mal, que andábamos grabando, porque los adolescentes de la villa, nos miraban a la distancia mientras saltaban entre gestos de desafío. Y porque, mientras emprendíamos la retirada, en una de las salidas de la villa, ya había un grupito de gente que nos esperaba y no precisamente con empanadas, locro y vino. De todo esto, lo que realmente me atemorizó fue esa sensación-conclusión, y es que vi a muchas personas que no creían serlo, no creían en la vida, en que estaban vivos, y por tanto, su valoración de la vida, por la propia y la ajena, era ninguna.

Y tal vez dirán "pero este tipo vive en un táper (o su sinónima: nube de pedos)", pero no es tan así. Por ejemplo (y por citar otra experiencia filmica) ya habíamos ido equipo en mano (y no una sino varias veces) a la casa de Irma Ávalos, quien vive en un barrio de mucha pobreza, separado tan solo por una calle de tierra de una villa (aunque asentamiento sea mas política pero menos gráficamente correcto), sin llevarnos mas que un par de miradas de "estos no son de acá...", pero claro, Isla Maciel y su confronto barrio-asentamiento (donde nos internamos) es uno de los lugares de mayor criminalidad y violencia de la Argentina (y me animo a decir del mundo).

Y espero no pecar de antropólogo , sociólogo, o tanto otro logo que venga al caso, pero ese mismo desdén por la vida, es el que lleva a los Bush, a los Hitler, a los empresarios mas crapulientos, a justificar sus acciones. "Nosotros... ellos...."

Como quien vive en medio de un desierto y por primera vez vé un mar, sabía que existía, sabía que tenía olas, y que debía ser azul*... , había visto fotos y hasta imaginaba su sabor salado, pero jamás lo había experimentado.

Y es que no solo habitan allí gente de la comunidad Toba, de hecho, su necesidad mas urgente es la de irse de ese barrio, porque ellos, por las premisas que rigen sus vidas y tradiciones, sí tienen una valoración por la vida. Algo que ahora realmente entiendo, sí, como una diferencia.

A la timidísima Romina, la hija del Cacique Rubén Sarmiento y su amiga, nada mas que agradecimientos por abrirnos su casa, por dejarnos filmar y entrometernos en su existencia. A los suboficiales de Gendarmería que nos escoltaron hasta el largo pasillo creo que, mínimamente, les debemos una cámara HDV (en sentido figurado, eh?).

Así y todo, volveremos. Porque si colgándose de ese poste de luz, uno no se electrocuta y logra algo grandioso, todos los miedos quedan atrás para demostrarnos que algo es posible.

Gustavo Giorgetti

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*aunque me tocó ver puros mares marrones :(

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